Una discusión nunca debe ser una guerra, aprende a discutir…
Publicado por 56K en Enero 30th, 2008
Vivimos en época de modas, y esta servidumbre hacia lo que “se lleva” también afecta a las relaciones humanas, y, cómo no, a las palabras que a ellas intentan referirse. Para abordar el tema que hoy tratamos, utilizaremos dos términos muy en boga: la empatía, o capacidad de situarnos en la piel del otro, y la asertividad, mediante la cual conseguimos trasmitir claramente nuestras opiniones, incluso las menos aceptadas por los demás, sin que hieran a nadie ni supongan agravio ni menoscabo para nuestros interlocutores.
Merece la pena que todos dediquemos el mejor de nuestros esfuerzo a la tarea (dura y ardua como pocas) de convertirnos en personas un poco más asertivas y empáticas. No somos pocos quienes, con más frecuencia de la deseable, nos levantamos de la cama pensando: “ayer volví a pasarme, discutí como un loco, me puse a mil y perdí el control. Y lo peor de todo es que lo que estábamos discutiendo no era tan importante; desde luego, mucho menos que la amistad que mantengo con quien me enfrenté a grito limpio”. A veces nos escudamos en que habíamos bebido un poco, en que estábamos algo cansados ,o nerviosos por el estrés del trabajo, los problemas con los niños o con el cónyuge, o por cualquier otra razón.
Pero, si somos francos con nosotros mismos, acabamos reprendiéndonos, por una sencilla razón: casi nunca merece la pena enfadarse. Podemos decir lo que pensamos educada y equilibradamente, sin agredir a nadie ni molestar. Y todo ello, naturalmente, sin ceder en lo que consideramos fundamental. Pero nos pierden los modos, los nervios, los gestos, la excitación del momento, la personalidad difícil del interlocutor, … Son, efectivamente, muchas cosas, pero la mayoría de ellas pueden controlarse y evitar, así, que las (a veces inevitables) discusiones nos lleven a donde no queremos. Continuar leyendo el resto de esta publicación »














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