Un grave y extraño atentado en el que resultaron muertas nueve personas, entre ellas siete soldados rusos, hizo que se tambalearan ayer los cimientos de la frágil paz en Osetia del Sur. Un automóvil que supuestamente transportaba explosivos estalló en el cuartel general ruso en Tsjinvali, la capital de la república secesionista. Nada más conocerse el incidente, el Ministerio de Exteriores de Rusia emitió una declaración en la que culpaba de forma velada a los servicios secretos de Georgia. “Este crimen muestra que existen determinadas fuerzas que intentan desestabilizar la situación e impedir los esfuerzos en favor de la recuperación de la paz en la región”, reza el texto. Georgia, por su parte, negó toda implicación en los hechos y acusó a Moscú o a Osetia del Sur de “urdir una provocación” para abortar la retirada de las tropas rusas de su territorio.
Todo comenzó en Ditsa, localidad georgiana cercana a la capital surosetia. Dos vehículos fueron detenidos por militares de Rusia, y siempre según la versión de Moscú, en su interior, junto a cuatro georgianos, se halló “armamento ligero y granadas”, según aseguró a la agencia Interfax el comandante de las fuerzas rusas, el general mayor Marat Kulajmetov. Los coches y los detenidos fueron escoltados hasta Tsjinvali y “durante el registro de uno de los vehículos, un artefacto explosivo estalló”, relató Kulajmetov. Inmediatamente, una columna de humo negro se elevó hacia el cielo, mientras vehículos de policía y ambulancias acudían al lugar de los hechos. Otros cuatro soldados rusos resultaron heridos.
COMO 20 KILOS DE TRILITA
La tremenda explosión, de una potencia equivalente a la de 20 kilogramos de trilita, causó graves daños en el edificio de la base y destrozó las ventanas de las casas situadas en un radio de 500 metros alrededor del vehículo. Las tropas rusas acordonaron de inmediato el escenario del crimen, de modo que los periodistas locales apenas pudieron acercarse hasta el vehículo que supuestamente transportaba los explosivos.
Previamente se había registrado otra explosión en el distrito surosetio de Leningorsk, cerca de la localidad georgiana de Kvanchabeti y del pueblo surosetio de Armaz, en la que resultaron heridas otras dos personas. Al parecer, su coche topó con un artefacto explosivo.
El de ayer en Tsjinvali es el atentado más sangriento ocurrido en la zona de conflicto desde el final de las hostilidades en agosto. El pasado 25 de septiembre, otro ataque similar se produjo junto al edificio de los Servicios de Seguridad de Sujumi, capital de la república separatista de Abjasia, pero en esa ocasión no hubo ni muertos ni heridos.
Además, se produce en un momento especialmente delicado para la precaria paz en la zona, justo cuando las fuerzas rusas preparan su retirada de la denominada zona tampón bajo la supervisión de observadores de la UE.
ACUSACIONES DE KOKOITI El presidente surosetio, Eduard Kokoiti, no tuvo reparos en mencionar ayer mismo con nombre y apellidos a quienes consideraba culpables del atentado de Tsjinvali.
“No cabe duda alguna de que estos actos terroristas han sido llevados a cabo por los servicios secretos georgianos”, afirmó Kokoiti. “Es su estilo; lo conocemos bien”, denunció, a lo que agregó que el incidente “torpedea el plan de paz Sarkozy-Medvédev”, el acuerdo que puso fin a la corta guerra de agosto entre Tiflis y Moscú.















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